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'Castrorum acies ordinata'

  Escucho una misa de Palestrina mientras repaso esto que he escrito a propósito de cierta oración latina que aparece en una secuencia de la película británica The Mission (1986). Después de darle vueltas y sorteando la dificultad de que se trata de latín eclesiástico pronunciado por un actor de a saber qué nacionalidad, encontré un documento que recoge una versión más completa de esa oración: una recopilación de bendiciones realizada por Severin Lueg en la católica Baviera del siglo XIX. El texto concreto del que procede el incluido en la película es la bendición del estandarte de una procesión, aunque el guionista de La misión lo recorta y lo transforma directamente en la bendición de un cuerpo de tropas españolas antes de emprender una acción militar. A partir de ahí encontré versiones de la bendición original en varios manuales o recopilaciones litúrgicas de toda la Europa católica de los siglos XVII-XIX que, a falta de más información, son el antecedente directo del texto de...

Jorge Rodríguez Padrón; los otros; él mismo

Qué sería de nosotros si no fuera por esos seres esforzados que, contra viento y marea y sin apoyos institucionales ni mediáticos, abogan en cuanta ocasión se les presenta por la literatura de los márgenes: ese lugar a la orilla de las corrientes donde se deposita el fértil sedimento del rozamiento de lo que fluye con lo que permanece. Entusiastas incansables, nos traen a la mesa menús nada populares, guisos olvidados pero nutritivos, deliciosos postres provincianos, recetas de la abuela que rescataron del desván y nos regalan el paladar con el sabor de la verdad, frente a la alquimia precocinada y las estrellas Michelin con que, a veces sin fundamento, se nos atosiga desde grandes superficies y suplementos literarios. De la mano de estos idealistas conocemos a escritores de la periferia geográfica, del pasado injustamente preterido, autores que no entraron en el canon porque no camelaron a ningún antólogo de postín, o porque eran demasiado jóvenes, o porque ya son demasiado viejos. ...

Coomonte en Madrid

  En la esquina de mi manzana, esta obra de José Luis Alonso Coomonte (Benavente, 1932) me trae aromas del terruño zamorano. Se trata de Equilibrio horizontal móvil , una hermosísima obra en bronce instalada por Coomonte en 1975 en la confluencia de la entonces calle del Capitán Haya (hoy Poeta Joan Maragall) y la calle Francisco Gervás, al pie del Edificio Campsa de la época, que hoy alberga dependencias ministeriales de nombres alambicados. Es reproducción de un original en hierro fundido de igual título que en 1974 se ofreció al público de Zamora, que hasta 2007 pudo contemplarse en la Plaza de Castilla y León y que, tras un triste paréntesis, dialoga desde 2017 con la muralla medieval, en los jardines de San Martín de Abajo de aquella ciudad. La pieza madrileña encuentra acomodo a la sombra del espectacular mural cerámico de los artistas aragoneses Manuel Viola y Andrés Galdeano, también de 1974, que puede admirarse en el exterior de un saliente del edificio.