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Alaejos y la vieja fundición

De viaje a Asturias paramos en Alaejos. Nos esperan una amiga de juventud de Malene y su familia. Al aproximarnos por la carretera de Castrejón de Trabancos, la silueta de las dos iglesias que dominan el horizonte desde el pueblo resulta asombrosa: el tamaño de sus campanarios parece absolutamente desproporcionado para la escasa población a la que sirven. De hecho, luego nos enteramos de que Santa María, un sobrio pero imponente edificio renacentista del siglo XVI que fue declarado monumento nacional en 1931, permanece hoy cerrada, porque la actual feligresía no da para mantener abiertos al culto los dos templos de la doble parroquia, y solo se abre al culto en ocasiones especiales. San Pedro, también renacentista y también de un tamaño muy notable, acoge hoy los ritos ordinarios. No es lo único que hay que ver en esta vieja villa antiguamente cercada: un museo de arte sacro que no llegamos a visitar, en la misma torre de Santa María; algunos restos arqueológicos del castillo, hoy mus…
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'Silentium amoris'

No es necesario presentar la figura pública de Santiago Alfonso López Navia (Madrid, 1961). Doctor en filología y en ciencias de la educación, cervantista ilustre, participante en numerosos proyectos sobre el Siglo de Oro y, en particular, autor de una decena de libros sobre la materia, maestro de retórica, catedrático y gestor universitario, editor en La Discreta, animador cultural, poeta, narrador… Pocos campos hay, de los relacionados con la palabra escrita (y cantada), que el autor no haya tocado y en el que no haya dejado testimonio de rigor y bonhomía. De él dijo alguien que “su vida pública es recta y consistente”, y no es la única alusión que he encontrado a ese rasgo suyo de la rectitud pública. En tanto que poeta tampoco hacía falta mi presentación, así que me limitaré a dejar constancia de tres o cuatro reflexiones que me suscitó la lectura de Tregua, este libro que tienes entre las manos, afortunado lector, y que me honra prologar. El poeta Santiago A. López Navia (Madrid, …

'Castrorum acies ordinata'

Escucho una misa de Palestrina mientras repaso esto que he escrito a propósito de cierta oración latina que aparece en una secuencia de la película británica The Mission (1986). Después de darle vueltas y sorteando la dificultad de que se trata de latín eclesiástico pronunciado por un actor de a saber qué nacionalidad, encontré un documento que recoge una versión más completa de esa oración: una recopilación de bendiciones realizada por Severin Lueg en la católica Baviera del siglo XIX. El texto concreto del que procede el incluido en la película es la bendición del estandarte de una procesión, aunque el guionista de La misión lo recorta y lo transforma directamente en la bendición de un cuerpo de tropas españolas antes de emprender una acción militar. A partir de ahí encontré versiones de la bendición original en varios manuales o recopilaciones litúrgicas de toda la Europa católica de los siglos XVII-XIX que, a falta de más información, son el antecedente directo del texto de La mis…

Jorge Rodríguez Padrón; los otros; él mismo

Qué sería de nosotros si no fuera por esos seres esforzados que, contra viento y marea y sin apoyos institucionales ni mediáticos, abogan en cuanta ocasión se les presenta por la literatura de los márgenes: ese lugar a la orilla de las corrientes donde se deposita el fértil sedimento del rozamiento de lo que fluye con lo que permanece. Entusiastas incansables, nos traen a la mesa menús nada populares, guisos olvidados pero nutritivos, deliciosos postres provincianos, recetas de la abuela que rescataron del desván y nos regalan el paladar con el sabor de la verdad, frente a la alquimia precocinada y las estrellas Michelin con que, a veces sin fundamento, se nos atosiga desde grandes superficies y suplementos literarios.

De la mano de estos idealistas conocemos a escritores de la periferia geográfica, del pasado injustamente preterido, autores que no entraron en el canon porque no camelaron a ningún antólogo de postín, o porque eran demasiado jóvenes, o porque ya son demasiado viejos. E…

Coomonte en Madrid

En la esquina de mi manzana, esta obra de José Luis Alonso Coomonte (Benavente, 1932) me trae aromas del terruño zamorano. Se trata de Equilibrio horizontal móvil, una hermosísima obra en bronce instalada por Coomonte en 1975 en la confluencia de la entonces calle del Capitán Haya (hoy Poeta Joan Maragall) y la calle Francisco Gervás, al pie del Edificio Campsa de la época, que hoy alberga dependencias ministeriales de nombres alambicados. Es reproducción de un original en hierro fundido de igual título que en 1974 se ofreció al público de Zamora, que hasta 2007 pudo contemplarse en la Plaza de Castilla y León y que, tras un triste paréntesis, dialoga desde 2017 con la muralla medieval, en los jardines de San Martín de Abajo de aquella ciudad. La pieza madrileña encuentra acomodo a la sombra del espectacular mural cerámico de los artistas aragoneses Manuel Viola y Andrés Galdeano, también de 1974, que puede admirarse en el exterior de un saliente del edificio.